-un niño en un cajón-
Noviembre 30, 2008
Esta es una colaboración de Off The Beaten Atacama
Cuando “Off the Beaten Atacama” me pidió que escribiera un artículo sobre mi infancia sentí que era como prender un fuego sin fósforos ni encendedor. Tenía todos los materiales necesarios como leña y papel, pero faltaba algo que comenzara la llama.
Soy Roberto García y nací en Catarpe, un valle cercano a San Pedro, pero un mundo totalmente distinto a lo que ustedes puedan conocer. Recuerdo haber pensado alguna vez que el mundo era como un cajón de frutas. Mis cerros encerraban todas las frutas, hortalizas y verduras que ahí cultivamos. Como que nada existía más allá de esas “paredes”.
Nací de parto natural, mi madre dió a luz en nuestra casita de adobe seguramente con la ayuda de alguna persona mayor, que nació y dió a luz de la misma forma. Como podrán imaginar los recursos con que contábamos eran bien básicos, pero toda esa carencia era ampliamente recompensada con el cariño de la familia. Yo era un pastorcito que guiaba a mis ovejas sin zapatos, entre pastos, tierra y el río San Pedro. Además de cuidar los animales, criábamos conejos y cuyes (una especie de hamster pero de mayor tamaño). Todos nuestros alimentos eran producidos por nosotros mismos, con excepción de de algunas cosas básicas como azucar, te y aceite que traíamos cada vez que ibamos a San Pedro.
Como fui hijo único mi vida era más bien solitaria. No habían muchos niños en el valle, y los pocos que vivían allí, llegaban solamente durante los fines de semanas, después de haber pasado la semana en la escuela en San Pedro. Yo me quedaba en mi valle, ayudando a mi abuela con las cosas del campo y la casa. Como que fui un adulto desde pequeño, con mis obligaciones cuidando las ovejas y regando los campos.
No conocía los juguetes como el resto de los niños y, aunque no me crean, siendo Chile un país católico, no supe de la existencia de la navidad hasta que tuve 11 años. Cuando supe de Santa Claus, de los regalos y juguetes que le traía a los niños tuve una sensación amarga. Para mi fue un descubrimiento casual ya que una vez bajé a San Pedro y vi a todos los niños jugando con juguetes nuevos de colores. Los gringos de la mina de Chuquicamata habían venido al pueblo a repartir juguetes a todos los niños pero se habían olvidado de mi. ¿Cómo era posible? Un niño solo, sin amigos, quien más que yo necesitaba de juguetes y se habían olvidado de mi. Hoy lo recuerdo como parte de mi inocencia de niñez y me rio, pero en ese momento sentí una gran decepción.
Construía unos autos de juguete que los hacía con latas de sardina perforadas, más un par de latas de MENTOLLATHUM que hacían de ruedas. Recuerdo haber pasado tardes enteras construyendo pequeños canales que se desprendían del río, conduciéndolos por varios metros, con represas y cascadas, incluso un pequeño molino que giraba al pasar el agua.. Quizás debí haber sido ingeniero.
Recuerdo que entre mis juegos y exploraciones fueron muchas las veces que cortaba una “cola de zorro” de la orilla del río y corría como loco hasta la punta de la colina más cercana. Una vez en la cumbre, clavaba la cola de zorro y bajaba igual de rápido y al llegar nuevamente a la orilla del río me ponía en posición firme y cantaba con toda mi fuerza el himno nacional de Chile, imaginando que aquella planta era la bandera que flameaba con la suave brisa. Cosas de niños,
Entre mis exploraciones fueron muchas las veces que a causa de algún deslizamiento de tierra, algún temblor o simplemente por causa del viento, la tierra de abría dejando al descubierto un entierro de nuestros antepasados. Encontraba jarros y platos de cerámica, artefactos de cobre y algún manto colorido. Siempre me enseñaron a tenerle respeto a los “abuelitos”, por lo que nunca levanté nada de mis descubrimierntos. Algún tiempo después me llamó mucho la atención el curita Le Peige, que recorrió toda la zona en búsqueda de entierros y restos arqueológicos.
Dejé Catarpe a los 14 años, cuando mi madre se vino a vivir al pueblo y entré a la escuela. No había día Viernes en el que no saliera corriendo de clases con rumbo a mi valle. Salía cerca del mediodía y llegaba a la casa de mi abuela alrededor de las 4 de la tarde, cansado pero lleno de energía. No podía desprenderme de esa tierra. Incluso hoy, cada vez que vuelvo a mi casa de Catarpe, mi acento cambia y hablo como lo hacía cuando niño, con ese acento que solo la gente de Catarpe comprende y conoce.
Soy roberto García y nací en Catarpe.
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1.
CDC | Diciembre 2, 2008 at 11:26 am
Edu, cómo lo haces para “cortar” el texto en el home?
Saludos
Max
2.
makers | Diciembre 2, 2008 at 12:38 pm
Re facil, lo puedes hacer con alt+shift+t justo donde quieras cortar (dentro de la edicion o adicion de un post) o si no buscas un boton por ahi arriba del modulo q ofrece la misma funcionalidad.
Buenisimo aporte de OTBA
Que vengan mas…
3.
Angeles | Diciembre 24, 2008 at 3:17 pm
Max, no te había comentado, pero amé este reportaje!
Larga vida a off tha!
(cómo les fue en la radio??)